Con The Hateful Eight (Quentin Tarantino, 2015) vimos cómo un espacio de pequeñas dimensiones condicionaba las relaciones personales de sus protagonistas, que se veían obligados a convivir en un lugar cerrado. Pero, ¿qué pasa cuando un lugar tan pequeño y aislado es todo nuestro mundo desde que nacemos?; ¿qué ocurre cuando cuatro paredes nos acompañan desde el despertar hasta la noche y toda información externa proviene de una claraboya?

En ese claustrofóbico entorno viven Joy, víctima de un secuestro que se ha prolongado siete años, y su hijo Jack, que nació cinco años atrás ya en “La Habitación”. Y es que en esta historia La Habitación tiene entidad propia: es todo un universo para el pequeño, pero una prisión para Joy, quien ansía el mundo exterior del que nada conoce su hijo.

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